15 jul. 2012

Basta.

"Necesitamos un cambio" "Nos os dejéis engañar" "Yo prometo que..." "Costará pero se conseguirá" "Tenemos que hacer un esfuerzo"

Palabras, palabras, palabras, palabras y palabras.

Hace un par de días, estallé.
Lo que no consiguieron mis desgracias personales, las malas noticias y la negatividad en mi familia, lo logró un gobierno que prometió un cambio y sí, lo ha hecho. Pero no como muchos de sus votantes pensaban.

Llorar con todas mis ganas por la situación de este país, es algo que, con 15 años, creía imposible. Me decían que las cosas iban mal y que irían a peor, pero la verdad es que nunca fui consciente de ello. Lo veía pasar, y no me daba cuenta de hasta qué punto me podía afectar. Era algo secundario.
Hoy, veo las noticias y me echo a llorar. Y no metafóricamente. Nunca, jamás había sentido esta impotencia, esta rabia acumulada por culpa de este puto egoísmo que nos rodea.

A día de hoy, tengo 18 años y no tengo futuro. Como ninguno de los jóvenes en España. No tengo futuro y no confío en que se haga algo para evitarlo. Porque a quien debería importarle, a quien debería mirar por el pueblo, por nosotros, le da igual. No confío en ninguno de nuestros gobernantes, políticos, ni periodistas. De nadie me fío, nadie dice la verdad. Todo está difuminado. Las cosas ya no son blancas o negras, todo está teñido. Teñido de negro.
Los que nos tendrían que proteger nos agreden, los que tendrían que pensar por nosotros piensan por ellos, nuestro dinero ya no es nuestro, y la presión a la que están sometiendo al pueblo está costando vidas.

Me da miedo abrir un periódico. Me da miedo poner las noticias y encontrarme a un policía agrediendo a un manifestante que está sentado en una plaza. Me da miedo que hablen de suicidios, de desahucios, de guerra. Y duele que los que deberían estar con nosotros, estén atacándonos.

Esto ya no es un cambio, nunca lo fue. Nos siguen engañando y no queremos despertar. Es normal. Yo tampoco querría ver todo esto. Conocidos, amigos, familiares en paro. En la calle. Que buscan una salida, y no encuentran nada más que crisis, recortes, más gente en paro y más desesperación.

Desesperación. Esa es la palabra. La puta palabra que definiría todo esto (sin contar chorizos, ladrones, corruptos, y más ladrones).

A mí en el instituto me enseñaron que los gobernantes dirigían y pensaban por su país. Un gobernante a día de hoy es sinónimo de corrupción. Un gobernante es sinónimo de mentira. Porque a un político ya no se le aplaude (más allá del congreso), se le grita, se le exige, se le pide explicaciones... y nunca jamás dará una respuesta sincera. Porque no lo son. Son egoístas. Todos lo han demostrado, más allá de izquierdas o de derechas, de PP o de PSOE. TODOS.

Así que estamos solos. Ni políticos, ni policía, ni periodistas. Todos nos engañan y nos mienten. Todos miran por ellos.

No nos queda otra que despertar, que despertar y empezar a gritar. No hay más. No nos quieren escuchar pero lo van a tener que hacer. Yo quiero un futuro aquí. Para mí y para mis hijos. ¡Hagamos ruido! Recordad que gota a gota se forma la marea.

SAL A LA CALLE Y DI BASTA.


La crisis, sin paños calientes.