9 dic. 2012

Punto y aparte.

Otra vez.

Parece que no me dan tregua, que estoy condenada a las despedidas. A un hasta luego en el caso más suave y a un adiós en el más horrible. En parte agradezco que no sea un hasta siempre. Ya que otro así en esta etapa de mi vida serviría para terminar de oscurecerme por completo.

Me toca volver a apretar los dientes. Sonreír y esperar que pase el tiempo.
Me he dado cuenta de que me paso la vida esperando. Esperando a terminar el curso, esperando a que llegue verano, esperando a volver a Madrid, esperando a volver a verles, esperando, esperando, esperando, esperando...
Me canso de esperar.

Otra de las cosas que he analizado a lo largo de estas semanas, ha sido ver como, en parte, estoy condenada a las relaciones a distancia. A las despedidas continuas, al echar de menos...
Y no os equivoquéis, estar condenado... no significa automáticamente acostumbrarte a ello. Para nada.
Más bien todo lo contrario.
Cada vez es más difícil notar a esa persona cerca, aún a pesar de los cientos de km. Esta fuerza que no sabía de donde la sacaba empieza a agotarse... Y eso me da miedo.
Me da miedo todavía de no ser consciente del todo de las cosas... que esto que me pasa ahora sea sólo el principio.

No me gustan los finales, ni las despedidas... ni siquiera los hasta otra. Me da miedo que un "hasta luego" se convierta en un "ya nos veremos... o no". He visto a tanta gente marcharse para no volver fingiendo que le importaba que ya no me creo nada. Esos "ya nos veremos" que se transformaron en palabrerías... y yo creo que en el fondo lo sabía. Me lo esperaba.

Si me guío por todo lo que me dice la gente me hubiese quedado sola hace tiempo... porque "nada es para siempre". Pero a mí me enseñaron que lo importante, más allá de tu futuro o del dinero, es estar rodeado de gente que te quiere de verdad, gente que te valore y te acepte tal y como eres. Eso no son palabrerías. Y lo más importante... si las encuentras, cueste lo que cueste, no debes dejar escapar a esas personas que formarán parte de tu vida y te ayudarán a hacer de ella algo mejor.

Tú eres una de ellas. No formas parte de las palabrerías... de esa gente que se marchó para no volver, ni siquiera sin km de por medio. Hay gente que se va aunque esté cerca... y hay gente que está ahí aún a pesar de los cientos de km... incluso miles. Lo he vivido, lo sé. Propia experiencia.

Ahora me toca aprender a llevarte conmigo aunque estés lejos, a asumir que cuando te llame no podrás aparecer en 15 minutos en la puerta de mi casa. A que tenemos los abrazos contados... tengo que aprender muchas cosas.
Se me marcha ese escudo protector que tanto me apoyaba en los días de la risa. Que le puso cojones a la vida y apretó los dientes desde el minuto uno. 
Tienes una fortaleza que admiro, y un corazón que vale oro.

Sólo te pido que no te olvides de mí, porque yo no lo voy a hacer. Es fácil recordar alguien que te da tanto.
Sólo nos separarán unos 2.000 kilómetros.
Si hace falta aprenderé a volar.

Sólo es... un punto y aparte.
Gracias por todo.